5 errores habituales en un discurso ineficaz

 

Hace poco hablábamos en este mismo espacio de cómo construir un discurso eficaz y hoy analizaremos cuáles son los errores más habituales que podemos encontrar en el día a día de los líderes de nuestras organizaciones cuando se enfrentan a esa difícil tarea de hablar en público. Hoy te enseñaremos cómo construir un discurso ineficaz.

  1. CREER QUE EL MENSAJE NO IMPORTA

La imagen es importante, pero no es lo único importante. Ni siquiera es lo más importante. A menudo tendemos a pensar que una buena imagen vale más que 1.000 palabras, pero la mejor puesta en escena, se olvidará en apenas unos minutos si el discurso no tiene contenido, si no llega al corazón y a la mente de las personas a las que va dirigido. Y no se puede olvidar que no es lo mismo improvisar que no leer. De hecho, como decía Churchill, para un discurso no leido es necesario mucho más trabajo. Si no, el orador empezará a divagar y a concatenar frase vacía tras frase vacía.

  1. QUERER CONTAR DEMASIADAS COSAS

Un buen discurso debe tener un máximo de 1 ó 2 mensajes / ideas que queramos hacer calar en nuestro público objetivo. Funciona mejor un mensaje repetido 10 veces que 10 mensajes dichos una sola vez. No nos equivoquemos al querer sobrecargar un discurso y no olvidemos que la capacidad de atención es más limitada de lo que solemos pensar.

  1. COMPLICAR EL LENGUAJE

No compliquemos el lenguaje de manera innecesaria. No digamos en 10 palabras lo que se puede decir en 5. No tardemos 20 minutos en contar lo que se puede contar en 10. No usemos palabras técnicas o complejas cuando existe una forma sencilla de decirlo.

  1. DECIR LO QUE LA GENTE QUIERE ESCUCHAR

Aunque caer en lo políticamente correcto es una tentación a menudo llamativa, es más importante que el público perciba que el orador es sincero. No pasa nada por ser sincero ante un público hostil. Seguramente valorarán más la valentía del mensaje aunque no estén de acuerdo con el mismo.

  1. OLVIDAR LA ‘MAGIA’ DEL TRES

A menudo en un discurso usamos la enumeración, de forma más o menos evidente. La experiencia demuestra que el número ideal es el tres, porque son tres los adjetivos o características de algo que van a quedar. Lo explican perfectamente Luis Arroyo y Magali Yus en su libro “Los cien errores en la comunicación de las organizaciones”, donde recuerdan como el “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” de Churchill perdió uno de sus elementos por el camino. “Hay números casi místicos, y en comunicación el tres sin duda lo es”, aseguran.

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